Un sueño torcido

Sabía que algo no andaba bien porque mientras mantenía relaciones sexuales con el ídolo pop de su infancia, su espalda, que estaba siendo azotada por el aliento fugaz de su amante, ardía en todos los puntos imaginables. No tuvo más remedio que dejar atrás aquel delicioso evento para abrir los ojos y descubrir que unas palmeras con tronco de bambú bailaban ante los gemidos que lanzaba hasta hacía poco. En aquel instante comprendió que la arena estaba siendo el tálamo de sus sueños. El resto era incomprensible: su vuelo la estaba llevando a Los Ángeles, no a una isla donde pasar el resto de sus sueños con aquel cantante de millones de seguidores.

Lo que tenía más a mano era el único libro que le habían dejado subir al avión: La Biblia, con un perro dibujado de perfil, a la manera cubista. La edición era pobre, con varios capítulos arrancados y otros tantos con la tinta fastidiada, pero era suficiente para salir de la isla fundando una nueva civilización.

Lady Tano

Y la muerte se vio de bruces contra
su propia vida, aquella que hace tiempo
abrazó con amor. Ahora todo
era distinto.
Ahora solo quedan los recuerdos
—teñidos por el odio, criados en dolor—
de cuando tú como mi padre fuiste,
de cómo yo seré por siempre tuya,
la hija primera.

Trans/formación

golpes distantes en la niebla. flecha
y arco en mano,
disparo a todos lados preguntas sin respuesta.

punta afilada. nube
que engulle sin temor.

rumor de poesía inacabada. empiezo
a correr sin mirar atrás, sintiendo
cómo se me dividen los caminos,
sin poder alcanzar un punto fijo.

qué insostenible ritmo de corazones ciertos.
la realidad finge un desmayo fatal
las trompetas se dejan en el campo pudriéndose
los golpes suenan cerca / el desmayo es real

dispuesto en mitad // hecho pedazos // arco y flecha // cuento hasta // dos

despierto

Golpes visibles en el tiempo. Cesa
el reloj con su tic tac, tic tac, tic…

No hay respuesta.

Volveré, volveré a intentar llamar
y que el humo me guíe.

VI

a laura palmer

el tablero confunde, sin colores.

su rostro, con la porcelana viva,
contrastando con su prisión de telas
de mar, vibrantes olas carmesíes.

al mismo tiempo lejos y cercana
a su familia, al mismo tiempo, aunque
distintos. ¿quién podrá encontrar sus versos?

unos pocos afortunados saben
que la ausencia no pudo con sus ojos:
ella es otra, tan real como el reflejo
de sus manos de porcelana cuando
sujeta una silueta de su sombra.

rumor de sufrimiento, brisa de salvación.

el peregrino en su verdadera patria

seda oscura que envuelve al cuerpo célebre
al tiempo que se mueve y contonea
en el cielo del mar, pampa febea,
dibujando las líneas de un cuélebre.

una caricia cae cuando el sol
se duerme, y en lugares no sagrados
se rasgan los ropajes los amados,
con la seda flotando sobre el sol.

descosida la seda por el haz
de luz, aunque incapaz de merecer
el cuerpo con el propio fuego hecho.

para rezar por ella con provecho,
el peregrino deja en la mujer
una ofrenda que lo lleve a la paz.

nosotros en la caleta

yo no sólo te miro.
yo te siento.
tu vaho me rodea
y me toca.

ya no te miro
con mis ojos.
son otros. son cristales
que reflejan

el vaho de tu cuerpo.
empañado,
empapado en tus líneas
verdes,
puras.

ya no te miro.
estoy ciego
para poder sentir
tus ritmos
quebrarse en mis poemas.

ahora te siento.
los haces que decoran tus orillas
palpan mi sien, aún no envejecida.
en tus olas me baño
y me dejo llevar.